A finales de los 70, tras la proliferación de los ordenadores domésticos, la industria del videojuego entró en una importante crisis, puesto que los jugadores preferían piratear o comprar los juegos que había en las recreativas, en vez de gastarse el dinero en ellas (en aquella época la forma tradicional de jugar era acudir a un centro recreativo).
La solución al problema fue la creación por parte de las empresas de sus propias consolas caseras, o desarrollar software para éstas. En ese contexto nace la Nintendo Entertainment System, o NES, una consola de 8-bits lanzada por Nintendo en 1983 en Japón con el nombre de Famicom, diminutivo o contracción de Family Computer. Tras algunas correcciones menores y gracias al gran éxito en el mercado asiático, Nintendo decide, en 1985, lanzarla en América del Norte, América del Sur, Asia, Europa, Oceania y Africa.
La NES fue la consola más exitosa de su tiempo en Asia y América del Norte, convirtiéndose en la primera consola que dio ganancias a sus fabricantes. Según datos de Nintendo, la consola vendió más de 60 millones de unidades a nivel mundial,6 sin contar los periféricos y juegos que se vendieron posteriormente (se debe tener en cuenta la diferencia de mercado que había por aquel entonces y el actual; actualmente una consola con dichas ventas es una consola muy exitosa, pero en aquel entonces tal hazaña era algo sin precedentes, a pesar de su exorbitante costo en algunos países latinoamericanos).
Esto ayudó a revitalizar la industria del videojuego, que estaba en su punto más bajo en el año 1983, y definió varios conceptos estándar a seguir en todas las consolas que aparecieron posteriormente desde el diseño de los juegos (el juego de plataformas Super Mario Bros. fue el primer gran éxito de la consola) hasta la política de negocios. La NES fue la primera consola que permitió a desarrolladoras third-party a programar juegos para ella.
Madballs era una serie de bolas de goma del juguete con las caras extrañas y repugnantes creadas cerca AmToy, una compañía subsidiaria de Saludos americanos a mediados de los años 80. Los juguetes incorporados humor grueso-hacia fuera en la vena de Paquetes Wacky y Cabritos del cubo de la basura. Cada bola tenía una sinopsis del carácter y un nombre extraño.
Lo que esperas cuando cumples 175 años, sí, ciento setenta y cinco, es un regalo muy especial. Al señor Frankenstein le llegó en el ya lejano 1987 un sobre con cuentos de miedo. El regalo era, cómo no, de Elsa Bornemann.
Elsa Bornemann (Buenos Aires, Argentina, 20 de febrero de 1952) es una reconocida doctora en Letras, educadora políglota y compositora argentina. Es además, una de las escritoras más importantes de la literatura infantil y juvenil de Latinoamérica. Sus libros han sido editados en diversos idiomas, e incluso algunos de ellos fueron traducidos al sistema Braille, gracias al cual los ciegos podrán leer sus libros.
La Empresa Nacional de Telecomunicaciones (ENTel) fue una empresa pública argentina creada originalmente en 1948 por el gobierno de Juan Domingo Perón, con el nombre de Teléfonos del Estado. Al crearse, aglutinó los bienes y servicios de todas las empresas telefónicas privadas que operaban hasta ese momento.
En 1957 fue renombrada a ENTel, nombre que mantuvo hasta su disolución; en 1960 se llamó durante un breve lapso Empresa Nacional de Teléfonos.
A lo largo de la existencia de ENTel se modernizó el sistema telefónico del país, pero a partir de la dictadura militar de 1976-1983 entró en un período de estancamiento que hizo decaer notablemente la calidad de los servicios y culminó con su privatización en 1990, bajo el gobierno de Carlos Saúl Menem.
Aún me acuerdo veranos, juntando plata con amigos para alquilarlo, ir a los medanos entre Gesell y Pinamar, llegar hasta el faro, hacernos los bananas con los triciclos.. que lindo!, se siguen vendiendo?.
Uno de los boom de los 80s “ los cassettes” de 60 min 90 o 120 que los podias rebobinar o adelantar con la birome y grabarte las canciones que más te gustaban.
El famoso “Naranjú” que salia centavos y que para abrirlo no quedaba otra que arrancar el plastico con los dientes. Infaltable a la hora de ir al cole o volver. Habia varios sabores: manzana, uva, frutilla, naranja que eran puro colorante.